El síndrome FOMO en Comunicación
Por Anna Alonso
Cuando los hijos crecen y se hacen mayores, uno puede dormir toda la noche y deja de tener lumbalgia crónica. Sin embargo, aparecen otros “síntomas” del peso de la filiación. –Pon un adolescente en tu vida y lo verás.
De repente, descubres que no son combinaciones o conjuntos de ropa, sinó outfits; que existen personajes reales mundialmente conocidos como Mr. Beast, que regalan millones de euros ‘porque sí’ a personas necesitadas, o palabras que no comprendes (aura, laura, bro, crinje, random…) y que si osas preguntar qué significan, tus hijos te responderán con cara de asco y como diciendo –¡Mamá, no te enteras de nada!.
Pero lo peor no acaba aquí.
Últimamente, me conecto menos a LinkedIn, pero no me siento bien. –¿Me pregunto si será FOMO? (Para los que no lo sepan, ‘Fear of missing out’)? Cuando analizo por qué, me vienen varias ideas a la cabeza; por un lado, veo cada vez más posts escritos con IA, poco naturales y largos, muy largos (–¡qué pereza!); los posts patrocinados o de LinkedIn Top Voices tampoco perdonan y aparecen en mi timeline entre post y post orgánico; leo algunos artículos muy interesantes, como los que escriben mis queridos amigos y expertos en Comunicación Marc Argemí y Miquel Urmeneta, que llenan mi cabeza (si cabe) de más dudas y preguntas sobre el panorama comunicativo y los retos de la comunicación.
Si a esto le añadimos el ‘batiburrillo’ de noticias de la página principal de Lavanguardia.com o Elpais.com, los telediarios y todos los posts y contenidos de interés que publican las empresas y personas de mi red –cada vez que ganan un premio, participan en una jornada, reflexionan sobre un hecho o consiguen un hito–, mi cabeza dice –¡Basta!. Y en ese momento me invade una sensación mitad saturación, mitad vacío, difícil de explicar aquí. Por un lado, siento la necesidad de estar conectada y enterada de lo que sucede en el mundo y a mi alrededor; por otro, me entra angustia de ver que no llego a todo y desconecto.
Con Internet y las redes sociales, el panorama comunicativo actual se ha transformado radicalmente; hemos pasado de la noticia única, a los rumores y las fake news; de la imagen mediada (que nos brindaban los medios), a la construcción colectiva, y de la comunicación excepcional, a la comunicación constante.
Esta comunicación constante que nos ofrece la tecnología nos obliga a estar constantemente comunicando, y el lector se convierte en espectador. Y aquí es donde radica el problema. No podemos confundir información con opinión y entretenimiento, y darle el mismo tratamiento, porque la información se lee, se entiende y se piensa, y para ello necesitamos tiempo.
Debemos recuperar el control de la comunicación y decidir cómo queremos comunicarnos e interactuar con nuestro entorno, y no dejarnos llevar “por lo que se lleva”. En totoro nos dedicamos a la comunicación y a ayudar a las empresas a comunicarse mejor y a ganar visibilidad y notoriedad públicas. Pero ¿cómo conseguirlo en un escenario tan sobrecargado?
Cómo recuperar el control de la comunicación
A nivel individual, creo que es muy necesario hacer un ejercicio de autocontrol y toma de poder, para informarnos como es debido, y no a través de titulares mezclados unos con otros, plataformas web disfrazadas de medios de comunicación o vídeos de tiktok. Si un tema nos resulta interesante, hacer el ejercicio de leer todo el artículo, de principio a fin, e incluso consultar la noticia en otro medio de comunicación –con otra línea editorial–, para tener más perspectiva y más argumentos. También resulta muy prudente reducir el tiempo de conexión, abandonar redes sociales que no nos aportan nada y nos quitan tiempo (mucho tiempo) y sustituir conversaciones de whatsapp por llamadas de tú a tú. –Hola, amigo/a, ¿qué tal te va?
Desde el punto de vista de la empresa, las organizaciones también necesitan identificar objetivos de comunicación concretos y tener planes de acción bien trabajados, porque tal como apuntábamos en este artículo sobre Claves para una comunicación más auténtica y real, “las empresas compiten por destacar y hacerse un hueco en la ‘opinión pública’, pero el impacto –si llega a producirse– se desvanece en cuestión de horas o, incluso, minutos”.
Por tanto, y bajo la premisa de que todo comunica, apostemos por una Comunicación 360º, que tenga en cuenta todos los canales de comunicación –especialmente, los canales propios (web, redes sociales, newsletter, etc.)– y permita a las empresas expresarse de manera acorde con sus valores, transmitir identidad y conectar con su público. El resultado será una imagen más coherente, ordenada y consistente, lo que contribuirá a aumentar la credibilidad y, en definitiva, mejorar la comunicación de la marca.
En resumen, ¿queremos estar más y mejor comunicados? Reflexionemos cómo queremos que sea esta comunicación; existen muchas formas. Apoyemos también el trabajo de los profesionales de los medios de comunicación, porque, para mí, siguen siendo los verdaderos garantes de la opinión pública y una pieza clave para comprendre la realidad en democracia.


