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Comunicación y verdad

Claves para una comunicación consistente, creíble y capaz de fortalecer el sentido de pertenencia de los públicos más afines.

Comunicación y verdad

Y “¿Qué es la verdad?” (Quid est veritas? en latín) preguntó Poncio Pilato a Jesús (Juan 18:38) en uno de los momentos más cruciales de la historia.

Recientemente, escuché un interesante debate en la tertulia de RAC1, sobre la pérdida de valores y el aumento de la delincuencia y los casos de violencia en la sociedad. La periodista Monica Terribas Sala denunciaba una falta de recursos en todos los ámbitos, especialmente, en educación, mientras que el también periodista Josep Martí Blanch apuntaba a una cultura de valores sociales y a una “mirada” distinta.

En opinión de Martí, la degradación de la sociedad y el “cambio de mirada” respecto a algunas cuestiones han sido progresivos, lo que ha acabado provocando un aumento de la delincuencia con el paso de los años. Para él, “los discursos y las estrategias crean realidades jurídicas, pero si la realidad no acompaña, se acaba produciendo un desencaje entre una cosa y la otra”.

Para mí, esta otra “mirada” que reivindica Josep Martí tiene que ver con la desconexión y la pérdida de interés por la verdad.

En el terreno comunicativo, y tras el gran impacto que ha tenido Internet en el proceso clásico emisor-receptor, la comunicación vuelve a lo esencial. Es lo que algunos profesionales denominan “comunicación sin artificios”. –Léase en Google: “un estilo directo, natural y honesto, donde la cercanía y la autenticidad priman sobre la formalidad excesiva o la distancia. Un enfoque que busca una conexión genuina con la audiencia, valorando tanto el mensaje como la manera en que se transmite”.

De ahí que algunas marcas opten –cada vez más a menudo– por modelos imperfectos, eslóganes menos comerciales y referencias a lo natural, lo auténtico, lo cotidiano o lo imperfecto.

Aunque la publicidad juega aquí un papel muy importante, la verdad conecta y encaja con el público. Muestra de ello son las historias reales de personas anónimas –como la de ”María Adrover (65 años), que cuidó de su marido con cáncer y alzheimer mientras trabajaba en un hotel”, o ”Claudia: el amor como el salvavidas de una niña abandonada”–, que se convierten en noticia, algo cada vez más habitual.

En este artículo sobre Claves para una comunicación más auténtica y real, apuntábamos cómo, en un contexto de exceso informativo, es más necesario que nunca “trabajar una comunicación auténtica y real, que permita a las empresas expresarse de manera acorde con sus valores e identidad”.

Probablemente, también sea conveniente reducir el número de impactos y apostar por “menos es más”, manteniendo el control del relato. Además, siempre es muy importante ponerse en el lugar del público y valorar qué espera de nosotros para no defraudar sus expectativas.

Comunicar con la verdad para generar confianza

Como apunta el periodista y doctor en comunicación Marc Argemí en su último artículo sobre “gestión de rumores”, “La virtud profesional requerida ya no es la vigilancia: es la confianza. (…) Y, sobre todo, el departamento de comunicación deja de trabajar en modo reactivo: trabaja antes de que llegue la crisis, durante, y después. Siembra y cuida el suelo continuamente”. Por tanto, la comunicación de la empresa, si se trabaja de acuerdo con la verdad y la propia realidad, contribuye a generar confianza, aumenta la credibilidad y permite anticiparse –e incluso evitar– posibles crisis comunicativas. Además, tengamos en cuenta que el impacto es muy efímero, debido a la gran cantidad de mensajes que recibimos a diario.

Concluimos. Para conseguir una comunicación consistente, creíble y capaz de fortalecer el sentido de pertenencia de los públicos más afines, es necesario:

  • realizar un trabajo exhaustivo de análisis, que permita ahondar en el carácter propio de la compañía: sus valores, su manera de trabajar, los servicios que ofrece, los productos que vende y, en definitiva, lo que es de verdad
  • determinar cuáles son nuestras necesidades comunicativas y los objetivos concretos y evaluables que queremos alcanzar
  • aprender de los errores pasados, propios y ajenos
  • estar atentos al entorno, a los competidores y a otros referentes

Porque la verdad permanece, mientras que la copia, la mentira, la imagen hueca, se desvanecen. –Me encantó la respuesta del Papa León al presidente Trump: “Si alguien quiere criticarme, que lo haga con la ‘verdad’”.

Y aunque como dice la célebre frase «lo esencial es invisible a los ojos» (El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry), la comunicación corporativa que se impregna de la esencia y se ajusta a lo que verdaderamente somos perdura y acaba generando mejores resultados a medio y largo plazo.

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